26.11.06

¡Un poco de literatura cubana!

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TRIBUTO A REINALDO ARENAS
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Frecuencia Literaria los invita a leer la obra de Reinaldo Arenas. Busquen sus libros en la biblioteca del Recinto. ¡Seguramente será una experiencia enriquecedora para ustedes!
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El mundo alucinante (fragmento)

“El verano. Los pájaros derretidos en pleno vuelo, caen, como plomo hirviente, sobre las cabezas de los arriesgados transeúntes, matándolos al momento. El verano. La isla, como un pez de metal alargado, centellea y lanza destellos y vapores ígneos que fulminan. El verano. El mar ha comenzado a evaporarse, y una nube azulosa y candente cubre toda la ciudad. El verano. La gente, dando voces estentóreas, corre hasta la laguna central, zambulléndose entre sus aguas caldeadas y empastándose con fango toda la piel, para que no se le desprenda el cuerpo. El verano. Las mujeres, en el centro de la calle, empiezan a desnudarse, y echan a correr sobre los adoquines que sueltan chispas y espejean. El verano. Yo, dentro del morro, brinco de un lado a otro. Me asomo entre la reja y miro al puerto hirviendo. Y me pongo a gritar que me lancen de cabeza al mar. El verano. La fiebre del calor ha puesto de mala sangre a los carceleros que, molestos por mis gritos, entran a mi celda y me muelen a golpes. Pido a Dios que me conceda una prueba de su existencia mandándome la muerte. Pero dudo que me oiga. De estar Dios aquí se hubiera vuelto loco. El verano. Las paredes de mi celda van cambiando de color, y de rosado pasan a rojo, y de rojo al rojo vino, y de rojo vino a negro brillante... el suelo empieza también a brillar como un espejo, y del techo se desprenden las primeras chispas. Solo dándole brincos me puedo sostener, pero en cuanto vuelvo a apoyar los pies siento que se me achicharran. Doy brincos. Doy brincos. Doy brincos. El verano. Al fin el calor derrite los barrotes de mi celda, y salgo de este horno al rojo, dejando parte de mi cuerpo chamuscado entre los bordes de la ventana, donde el aceite derretido aun reverbera.(…) Pero las revoluciones no se hacen en las cárceles, si bien es cierto que generalmente allí es donde se engendran. Se necesita tanta acumulación de odio, tantos golpes de cimitarra y redobles de bofetadas, para al fin iniciar este interminable y ascendente proceso de derrumbe.(…)Las manos son lo mejor que indica el avance del tiempo. Las manos, que antes de los veinte años empiezan a envejecer. Las manos, que no se cansan de investigar ni darse por vencidas. Las manos, que se alzan triunfantes y luego descienden derrotadas. Las manos, que tocan las transparencias de la tierra. Que se posan tímidas y breves. Que no saben y presienten que no saben. Que indican el límite del sueño. Que planean la dimensión del futuro. Estas manos, que conozco y sin embargo me confunden. Estas manos, que me dijeron una vez: -tienta y escapa-. Estas manos, que ya vuelven presurosas a la infancia. Estas manos, que no se cansan de abofetear a las tinieblas. Estas manos, que solamente han palpado cosas reales. Estas manos, que ya casi no puedo dominar. Estas manos, que la vejez ha vuelto de colores. Estas manos, que marcan los límites del tiempo. Que se levantan y de nuevo buscan el sitio. Que señalan y quedan temblorosas. Que saben que hay música aun entre sus dedos. Estas manos, que ayudan ahora a sujetarse. Estas manos, que se alargan y tocan el encuentro. Estas manos, que me piden, cansadas, que ya muera. "
Niño Viejo

Yo soy ese niño de cara redonda y sucia
que en cada esquina os molesta
con su "can you spend one quarter".
Yo soy ese niño de cara sucia
-sin duda inoportuno-
que de lejos contempla los carruajes
donde otros niños emiten risas
y saltos considerables.
Yo soy ese niño desagradable
-sin duda inoportuno –
de cara redonda y sucia
que ante los grandes faroles
o bajo las grandes damas también iluminadas
o ante las niñas que parecen levitar
proyecta el insulto de su cara redonda y sucia.
Yo soy ese niño hosco,
más bien gris.
Que envuelto en lamentables combinaciones
pone una nota oscura sobre la nieve
o sobre el césped tan cuidadosamente recortado
que nadie sino yo, porque no pago multas
se atreve a pisotear.
Yo soy ese airado y solo niño de siempre
que os lanza el insulto del solo niño de siempre
y os advierte:
si hipócritamente me acariciáis la cabezaa
provecharé la ocasión para levantarles la cartera.
Yo soy ese niño de siempre
ante el panorama del inminente espanto.
Ese niño, ese niño,
ese niño que corrompe el poema
con su nota naturalista.
Ese niño, ese niño,
ese niño que impone arduos y aburridos ensayos
y hasta novelas, aún más aburridas,
sobre “los bajos fondos”.
Ese niño, ese niño,
ese niño de cara airada y sucia
que impone arduas y siniestras revoluciones
para luego seguir con su cara
aún más airada y sucia.
Ese niño, ese niño,
ese niño ante el panorama siempre inminente
(Sólo inminente)
del inminente espanto,
de la inminente lepra,
del inminente piojo,
del delito o del crimen inminentes.
Yo soy ese niño repulsivo
que improvisa una cama
con cartones viejos
y espera, seguro,
que venga usted a hacerle compañía.
Mi amante el mar (fragmento)

" Sólo el afán de un náufrago podría remontar este infierno que aborrezco. Crece mi furia y ante mi furia crezco y solo junto al mar espero el día. "

Antes que anochezca (fragmento)

"Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches mas desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles.

Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las costas de mi isla desolada. Elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacia mí; tu hijo. Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche. "

Reinaldo Arenas
Escritor cubano nacido cerca de Holguín. Comenzó a escribir a los trece años. En 1963 ingresó como empleado en la Biblioteca Nacional y escribió Celestino antes del alba. Conoció y inició su amistad con Lezama Lima.
Luego su libro El mundo alucinante fue prohibido por contrarrevolucionario, y a partir de ese momento y en adelante tuvo que esconder sus documentos. Tuvo muchos problemas con su libro Otra vez el mar. Lo guardó bajo tierra y en el tejado, pero fue hallado y destruido. Arenas no se dejó vender, lo rehizo tres veces.

En 1973 lo detuvieron por contrarrevolucionario y fue conducido al cuartel de Miramar, desde donde trató de salir de la isla en un neumático. Fracasó, como cuando quiso huir por Guantánamo, donde estuvo a punto de ser ametrallado.

Durante dos meses se refugió entre la vegetación del Parque Lenin, hasta que la policía lo encerró en el castillo del Morro. Tras redactar una carta donde afirma que no tienen nada en contra de la revolución y que esta al servicio de está, al fin, obtuvo la libertad.

En los cinco años siguientes asistió a las muertes de sus amigos Lezama Lima y Piñera. Posteriormente se unió a los marielitos y falsificó a mano su pasaporte para convertirse en Reinaldo Arinas y evitar la lista de los que no podían salir del país. En 1980 consiguió huir de Cuba y se trasladó a Miami.

Muchos intelectuales le dieron la espalda, y aprendió que un exiliado sin dinero no era nadie. Arenas pasó diez años contando sus experiencias por Venezuela, Francia, Portugal, Suecia, Dinamarca y España.

En Estados Unidos colaboró en la Revista Mariel desde su fundación en 1983 hasta su cierre en 1987.

Reinaldo Arenas lamentablemente se suicidó el 7 de diciembre de 1990.

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